Otra vez vuelvo a sentirme como una jodida carga para ti. Me conformo con tu amistad, con que cuentes conmigo para ciertas cosas, con que me hables. Me conformo con que te preocupes por mí si me pasa algo malo. Pero ya ni eso. Como tú dices, soy algo pesado. Empatía, gracias. Yo también lo estoy pasando mal, no sólo tú. ¿Crees que quiero estar todo el día hablándote? ¿Diciéndote cosas cada vez que te aburres de mí y dejas de hablarme? Claro que sí, me encantaría haces eso. Pero tengo que asimilar que ya:
1º No me quieres.
2º No me necesitas, ni como amigo, ni como nada.
3º No quieres tener nada que ver conmigo.
Te repudio, me odias, te doy asco, no quieres nada conmigo. Te doy igual. Se me hace un nudo en la garganta pensar en todo esto. No quiero. No quiero recuerdos. No quiero pensamientos. No quiero nada que me haga recordar que de verdad, detrás de mi máscara de pura felicidad, se esconden estas tonterías. Estos miedos. Estas angustias que me quitan el sueño y no me dejan dormir por la noche. Porque eso es lo único que soy. Para ti, y para todos. Un ser terco que lo mejor que sabe hacer es sufrir. Y lo mejor que podría hacer es acabar con su vida. Pero, ¿qué pasa? Es lo suficientemente gilipollas como para tener esperanzas. ¿Con qué? ¿Con quién? No quiero pensarlo. Y menos plasmarlo aquí.
Soy horrible, un monstruo. Quiero dejar de dar asco, de ser como soy. Quiero cambiar. Quiero ser como tú
No hay comentarios:
Publicar un comentario